hay miles y miles de anécdotas sobre el ingenio de albert einstein, ese viejito desplolijo y simpáticamente despeinado, arquetipo tanto del genio despistado como del abuelito infinitamente sabio, amable y bonachón. todos conocemos alguna, así como alguna de sus miles de frases, que refuerzan su imagen de tipo de gran corazón, honesto, sincero y comprometido con el progreso de la humanidad. "es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio", la más célebre de todas.
sin embargo, parece que el ancianito sabio y bondadoso que llegó a ee.uu huyendo del nazismo por su condición de judío, era, puertas adentro, un tremendo buacho juemilputa con menos sentimientos que un cascote de la tumba de aramburu. uno de sus biógrafos, E.Walker, basándose en las cartas que durante su noviazgo le envió a Milena Maric, su primer esposa, llega a sugerir incluso que en realidad es ella la verdadera mente brillante tras la teoría de la relatividad -una afirmación que le pone los pelos de punta al ultramachista mundillo científico-.
pero no entraremos en ese puterío, sino en otro: entre los papeles de einstein que aun se conservan, apareció también el listado de Reglas de convivencia que este físico soretón redactó para su pobre esposa milena. es un texto muy conocido porque causó gran revuelo hace algunos años, pero quien no lo haya leído, se puede cagar un rato de risa ahora, o bien indignarse, ooopopoppóoo!!... con ustedes, el albert de entrecasa:
A. Te encargarás de que:
1. mi ropa esté en orden.
2. se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación.
3. mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.
B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales. En especial no solicitarás que:
1. me siente junto a ti en casa.
2. que salga o viaje contigo.
C. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:
1. no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello.
2. deberás responder de inmediato cuando te hable.
3. deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio y sin protestar cuanto te lo diga.
D. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho.
1.11.06
grandes Tipos Jodidos de la historia II: Albert Einstein
11.10.06
grandes Tipos Jodidos de la historia I: John Napier
John Napier, o Neper (1550-1617), fue un escocés original que nunca dejó de llevar a la práctica sus particulares e inteligentes ideas (era rico).
Su interés principal era la Teología, y estaba especialmente obsesionado con al Apocalipsis y el cálculo de cuándo ocurriría. Aristócrata y militante acérrimo de la Reforma Protestante, criticó enconadamente a la Iglesia Católica, y abogó por la persecución de "papistas, ateos y neutrales".
Sin embargo, se lo recuerda principalmente por su aporte a lo que para él era un pasatiempo, una distracción de los serios asuntos políticos: la Matemática.
Napier pensó que todas las cifras se podían expresar de forma exponencial, y así inventó los logaritmos, a los que llamó inicialmente "números artificiales". Merced a estos números, las multiplicaciones podían sustituirse por sumas, las divisiones por restas, las potencias por productos y las raíces por divisiones, lo que no sólo simplificó enormemente la realización manual de los cálculos matemáticos, sino que permitió realizar otros que sin los logaritmos no hubieran sido posibles, sobre todo en el campo de la geometría y la trigonometría.
Napier trabajó durante veinte años antes de publicar los resultados de su invención de los logaritmos en 1614. La misma le ahorró quién sabe cuántas décadas, o aun siglos, al incipiente desarrollo de las ciencias durante el Renacimiento. "Con la reducción del trabajo de varios meses de cálculo a unos pocos días, el invento de los logaritmos parece haber duplicado la vida de los astrónomos", escribió Laplace en su momento.
En 1617 creó una especie de ábaco de piezas móviles que se utilizaba para facilitar los cálculos de productos y divisiones. El dispositivo intentaba mecanizar los cálculos logarítmicos, y se le considera como el precedente de las máquinas calculadoras modernas. 
Newton, Kepler y otros grandes científicos vieron simplificado más aún su trabajo al utilizarla.
Otro aporte que pasó desapercibido en su momento, pero que tuvo una colosal importancia, fue la introducción de la coma como notación para indicar fracciones decimales, tal y como la utilizamos hoy en día.
Solía preocuparse mucho también por la posibilidad de que Gran Bretaña fuese invadida por sus enemigos vecinos, especialmente por los católicos españoles, por lo cual invirtió también mucho de su tiempo en el diseño de fabulosos vehículos acorazados, piezas de artillería pesada y todo tipo de complejas máquinas de guerra que nunca llegaron a construirse.
Pero no es por todo eso que John Napier merece un puesto de honor entre los Grandes Tipos Jodidos de La Historia, sino por su peculiar forma de comportarse frente a los aconteceres de la vida cotidiana.
Napier poseía una gran propiedad, pero tenía problemas con sus vecinos, que permitían que sus palomas devoraran los granos del campo de Napier y arruinaran sus siembras. Harto, Napier amenaza con cobrarles por la fuerza por los daños si no hacen nada al respecto. Los vecinos lo toman por loco y aceptan el reto. Misteriosamente, a partir del día siguiente empiezan a recoger las palomas muertas de los campos. Napier había empapado los granos con whisky, pero sus vecinos comienzan a cuidarse mejor de no perturbarlo, convencidos de que era un adepto a la magia negra.
Lejos de temer ese tipo de acusaciones, que solían recibir todos los originales y los molestos en su época (y él era ambas cosas, pero tenía amigos poderosos), Napier las encuentra divertidísimas, y hasta fuente de nuevas posibilidades para su ingenio. En una ocasión en que se ve enfrentado a un problema de robo, Napier anuncia que su gallo mágico negro va a identificar al criado que ha robado. Cada uno debe pasar por un cuarto cerrado y totalmente oscuro y acariciar con una mano el cuerpo del gallo, al que el malicioso Napier ha embadurnado previamente con hollín. Temiendo ser reconocido por el animal, uno de los criados no osa tocar al gallo mágico, sale con la mano limpia y es así desenmascarado.
